Esther Andradi - Berlín es un cuento y Argentina una novela

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Desde que recuerdo me interesaron las sociedades, sus casi imperceptibles movimientos, dice Esther Andradi, y ese interés se fue alimentando en los diferentes lugares de América y de Europa donde residió. Escritora transhumante, vivió el derrumbe de la sociedad peruana tradicional a fines de los setenta, la caída del muro de Berlín, el estallido neoliberal en Argentina en el 2001. En esos lugares escribió ficciones, poemas, ensayos y numerosas entrevistas para diferentes revistas y periódicos en español y en alemán. Interesada por las migraciones y mutaciones de una lengua a otra, reunió en Vivir en otra lengua, trabajos de escritores latinoamericanos que tienen su residencia en países europeos, y preocupada por las causas feministas y de derechos humanos, su ars poética se volcó hacia las problemáticas del ser mujer y del exilio.

ESTHER ANDRADI
Nació en Ataliva, Santa Fe, en 1952. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Católica de Rosario y en 1975 emigró a Perú. En Lima ejerció el periodismo escrito y publicó su primer libro. En 1980 viajó a Europa y se radicó en Berlín donde escribió guiones y reportajes para la radio y televisión alemanas. Desde entonces ha vivido alternativamente en Buenos Aires y en Berlín, donde reside hoy con su marido y su hija.

Publicó Ser mujer en el Perú (testimonios, en coautoría, Ediciones Mujer y Autonomía, Lima, 1978/Tokapu Editores, Lima, 1979), Chau Pinela (Cuentos, Ediciones Tigre de Papel, Lima, 1988), Come, éste es mi cuerpo: 30 textos eucarísticos 30 (Último Reino, Buenos Aires, 1991/ 1997), Tanta Vida (novela, Simurg, Buenos Aires, 1998), Sobre Vivientes (Simurg, Buenos Aires, 2001/ Uber Lebende/Sobre Vivientes, Español/alemán, teamart Verlag, Zürich, 2003), Berlín es un cuento (novela, Alción, Córdoba, 2007), compiló las antologías Vivir en otra lengua: literatura latinoamericana escrita en Europa (Ediciones Desde la Gente, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 2007) y Comer con la mirada (Ediciones Desde la Gente, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires 2008). Sus cuentos y poemas fueron incluidos en numerosas antologías en diferentes países y lenguas y sus ensayos y entrevistas en diferentes revistas y suplementos culturales de Europa y América.

Ella dijo:
Desde que yo recuerdo me interesaron las sociedades, sus casi imperceptibles movimientos. Y su relación con los cuerpos, siempre en danza, en una banda ancha que va desde pulsiones biológicas hasta aspiraciones místicas, anclados en neurosis, bailando con el eros. Las sociedades escriben su marca en el cuerpo. Lo nutren, lo violentan, lo seducen. Lo enajenan. Mis narraciones se ocupan de esos movimientos poco o nada perceptibles, casi invisibles, cotidianos.

Mientras en Europa el héroe por excelencia es Ulises, que vuelve a su tierra donde la amada lo espera, al parecer intacta, en América la metáfora es Eneas, el héroe que se hace a la mar para fundar una nueva patria. Entre ambos héroes hay miles de mujeres pero no figuran en el reparto protagónico. Me interesa trabajar la metáfora de aquella que elige el camino ...(...). La patria es por definición la tierra del padre, la lengua es el territorio de la madre..(...)... así las cosas, por aquí hay mucho, realmente mucho por hacer. La presencia de los migrantes, los refugiados, los nuevos esclavos de este mundo en las fronteras de las naciones están forzando la creación de otras reglas de convivencia más humana.
Esther Andradi y la literatura transgenérica,
Entrevista de Gina Cánepa. Conneticut College

Se dijo de ella:
Has demostrado que Berlín es un cuento, con una precisión metida en la poesía. Rabia, melancolía. Todo es melancolía. ..(…). Me has hecho pasar horas de infinitas preguntas. Me dejaste más preguntas que las que antes de leer tu libro me asaltaban… Ahora tenés que escribir la segunda parte: “Buenos Aires es una novela”. Osvaldo Bayer.

La escritura de Esther Andradi tiene dos particularidades: la búsqueda y el encuentro de la palabra exacta, y la elección de temáticas cautivantes. Su estilo es poético, su estructura es precisa y el desarrollo del tema envolvente. Una combinación perfecta entre la fuerza y la belleza. Quien la lee no la olvida; es más, la lleva adentro, pues ya es otra persona. Lea Fletcher.

En sus relatos se comprueba que a sus viejos escenarios se han agregado unos nuevos, los que han estado a su paso y los que le han servido de nueva vivienda, pero no han cambiado las palabras con que los recuerda. Su pregunta es cómo actúa en la literatura de los otros ese traslado a mundos de otros sonidos. Basándose en algunas respuestas ella se adelanta a sacar sus conclusiones y dice que ese lenguaje que puede enloquecer a los traductores por la diversidad de temas y detalles, lleva la marca del escritor que vive en otra lengua, ninguna palabra es inocente. Luis Fayad. Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes. Nota completa en
http://www.cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/enero_09/02012009_01.asp


La grama ecubierta
fragmento*

Mi abuelo el árabe llegó a Argentina sin conocer una palabra de castellano. Dicen las lenguas familiares que en Buenos Aires sus paisanos le dieron una maleta con artículos para vender que él tiró por ahí porque le avergonzaba su español insuficiente y siguiendo las vías del ferrocarril llegó a una colonia de inmigrantes donde iba a conocer a mi abuela. La colonia se llamaba Nuevo Torino, de modo que el castellano por cierto tampoco era su fuerte. Mi abuelo se bastó con una mandolina para enamorar a las mujeres y todavía hoy no hay hombres en la colonia que no hayan oído hablar del lenguaje de sus brazos, sea para la dura faena del campo o para la pelea, que ganas no le faltaban al árabe, ni susto le daban ni una ni otra. De esa mixtura piamontesa y árabe, dialecto de Oms, nació mi padre y sus diez hermanos, a la sazón los tíos de mi infancia, de las fiestas de la yerra y de los chistes verdes en piamontés. Porque fue la abuela quien legó su lengua a la familia, mientras el abuelo relegaba su idioma y enterraba la nostalgia.

*Completo en Confluencia, Revista Hispánica de Cultura y Literatura
University of Northern Colorado, Greeley, U.S.A., Spring 2005, Vol. 20
http://www.unco.edu/hss/confluencia/spring_2005.htm

Berlín es un cuento
fragmento

Le asombró la arquitectura de los distritos, lo compacto de las plazas y los árboles, la contundencia y belleza de los edificios antiguos. La calle de Potsdam iba a ser su barrio, su Kiez, como decían los berlineses. -Se pronuncia Kiiz-. No era poco para comenzar. Potsdam había sido una de las calles más emperifolladas de antaño. Ahora el muro la había quebrado en su geometría original que derivaba hasta el ombligo mismo de la antigua ciudad y había quedado como una extremidad amputada del tronco. Sin embargo, disimulaba con lujo sus mutilaciones. Aquí se codeaban bancos, medios de comunicación y burdeles. Al igual que depósitos bancarios, cheques o periódicos, el mercado ofrecía mujeres para todos los gustos. Forrado en cuero negro el torso, botas ídem y un látigo sostenido entre los dientes algunas. Con amplias faldas multicolores de gasa, melenas rubias y bucles florecidos otras, damas con trajecitos sastre en tonalidades grisáceas, blusas de seda y collar de perlas, robustas señoras en batón y chancletas, portando bolsa de plástico, como recién llegadas de hacer la compra, la mayoría. Cada una con su clientela. Y un galpón haciendo esquina con vidrios de colores rojo, azul, negro y violeta vendía ilusiones de carne, plástico y celuloide. “Somos el primer supermercado del sexo de la ciudad” anunciaba. Películas porno. Adelante mis valientes. Ropa interior a tiritas, vibradores todo tamaño para variados gustos y recovecos. Peepshows.

Un ejecutivo con su maletín.
Señores en todas las variantes del gris con atuendos de turistas.
Una dama con peluca afro y anteojos oscuros con marcos blancos.
Hombre disfrazado de mujer que se disfraza de hombre.
Un joven estudiante.
Muchachos en jeans y sandalias.
Una anciana emergida de un cuento de Perrault.
Una rubia de cuerpo entero enfundado hasta la rodilla en rojo satinado y zapatos taco aguja-plateados.
Un jubilado con bastón y su perro salchicha. Prohibido para animales. El perro que espere afuera.
Un rubio con chalina y melena al viento calzando botas de cazador.
Una pareja de recién casados, traje de novia y frac.
Un morocho robusto y un señor con barriga bastante más pequeño de estatura tomados de la mano, con gafas negras.
Todos ellos y todas ellas entraron y salieron de ese recinto de vidrios multicolores, el primer supermercado de sexo de la calle de Potsdam en el lapso de media hora. Abierto desde las cinco de la mañana, horario corrido.

Fragmento de Berlín es un cuento. Alción, Córdoba, 2007.

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Ver la nota en el diario La Voz del Interior

Luisa Axpe - La fluidez de una buena melodía

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La encontré por primera vez, en los años ochenta, en esa cantera de relatos que fue la revista El Péndulo, y más tarde en Minotauro y Puro Cuento, entre otras editoriales y revistas de aquel renacer democrático. Forma parte del reducido grupo de mujeres que en Argentina escribe ficción especulativa. Córdoba premió algunos deliciosos cuentos suyos para niños en el Concurso José S. Tallón, también en los años ochenta.
Luisa Axpe
Nació en Buenos Aires en 1945 y a comienzos de los setenta se graduó como psicóloga en la Universidad de Buenos Aires. Sus cuentos fueron publicados inicialmente en revistas como El Péndulo, Minotauro, Humi y Puro Cuento. En la década del ‘80 formó parte del reducido núcleo de escritores argentinos que producían fantasía y ciencia ficción. En 1986, Ediciones Minotauro, bajo la dirección de Marcial Souto, editó su libro de cuentos Retoños. Uno de los cuentos de ese libro integra la Breve antología de cuentos 2 publicada en 1992 por Editorial Sudamericana, junto a autores como García Márquez, Ray Bradbury, Graham Greene, Mujica Láinez y Bioy Casares. En 1989 obtuvo el premio J. S. Tallón de la Municipalidad de Córdoba, por sus cuentos Geolana, un conejo y el mundo, Pensamientos de colores y La casa sin gatos. En 1993, Editorial Sudamericana publicó su novela La mancha de luz. Tiene, entre otros inéditos, una novela, No te duermas en el tren, trabaja en varios proyectos narrativos y publica un blog (Gato Hambriento, http://gatohambriento.blogspot.com/).

Ella dijo
No sé casi nada de música, pero me alegro de estar capacitada para disfrutarla. Además, suelo pensar que hay música en todo: especialmente en la escritura. Cuando leo algo que me gusta, por lo general descubro que “suena” bien. Y ése es uno de mis mayores afanes a la hora de escribir. Tanto en la página como en mi cabeza, las palabras y las frases tienen que sonar bien, tienen que tener un ritmo, un color, un tono. El contenido, a veces, es un pretexto. Lo importante, casi siempre, es decir lo que sea lo más musicalmente posible, y que llegue a los ojos y a los oídos de los demás con la fluidez de una buena melodía. http://gatohambriento.blogspot.com/2008/03/partitura.html

Se dijo de ella
Relatos escritos en una prosa tersa, en la que es posible elogiar simultáneamente la precisión narrativa y la tensión poética. Ana María Shúa

En prosa sencilla, ajena a la menor afectación, coloquial casi, la autora enhebra sus relatos, muchos de ellos impregnados en la ternura y en la dulzura más humanas, pero sin perder nunca de vista lo ultrarreal, otros sarcásticos y observadores de todo cuanto sucede aquí, en esta tierra que Luisa Axpe pronto hace que deje de ser nuestra, la que creemos conocer, para convertirse en otra, en la que la magia es tan constante como posible. Escritos singulares, salpicados de color muy tenue pero también muy intenso, tan imaginativos y tan ricos que hasta se los puede leer fragmentados, de a poco, ya que cada cuento es eso, una soberbia planta de flores, toda ella cubierta de capullos que se van abriendo, multicolores, en un prodigio de la más sostenida fantasía.
César Magrini

Armas secretas
Los dos ejércitos se prepararon largamente para la contienda. Ambos llevaban sus mejores armas. El azul iba con sus sutiles argumentos surgidos de un profundo estudio de la dialéctica, su mentalidad abierta, su habilidad para responder con flexibilidad a los cambios y una brillante capacidad para analizar y relacionar entre sí todas las variables posibles para desarmar al rival. El verde, con frases hechas, prejuicios, falsas conclusiones y el convencimiento de ser portador de una única verdad inamovible y eterna. El encuentro tuvo lugar poco después del amanecer. La victoria fue aplastante: el ejército verde, además, llevaba armas de fuego.

Agua salada
Hallada la forma de atravesar los océanos, los límites fueron borrándose y la curva del horizonte se hizo más cercana. Pronto las rutas de agua perdieron sus secretos, y los navegantes empezaron a buscar nuevos cantos de sirena. Hallada la forma de eludir a las sirenas y llegar a buen puerto, los navegantes se lanzaron a la conquista de nuevas tierras para, desde allí, impulsarse hacia el espacio. Hallada la forma de atravesar el espacio, los navegantes se regocijaron ante la idea de encontrar, en planetas cada vez más lejanos, otros canales y otros mares, con más y mejores misterios.

No lo tome a mal
Cuando usted lo crea conveniente, es un decir, no vaya a pensar que lo mío es una orden perentoria, pero en fin, la película ya ha terminado, todos comienzan a levantarse de las butacas y quieren salir, así que, si no es para usted demasiada molestia, le juro que nunca me he encontrado antes en una situación semejante, en una condición diríamos bochornosa para ambos, porque estoy seguro de que lo será también para usted cuando caiga en la cuenta, digo, que me gustaría, en fin, cuando usted lo considere apropiado, y sin ofensas, quisiera que me devuelva
mi zapato.
Microcuentos de 100 palabras publicados en su blog

Crónica. Revista El Péndulo 15, mayo de 1987.
Una hoja lenta de otoño ha caído a nuestro lado.
La tomamos, sosteniéndola por el tallo entre el pulgar y el índice, y la observamos. Está seca, las nervaduras son canales vacíos por donde ya nada circula. Es marrón y frágil: una ligera presión la quebraría. Tiene varias puntas que se doblan hacia el centro y le dan una forma ahuecada.
Aprovechamos esa forma y la depositamos con cuidado sobre la cinta de agua que corre a nuestros pies, junto al cordón de la vereda. La parte cóncava hacia arriba; la punta más larga hacia adelante.
Es un barco.
Un cajón de fruta olvidado, vacío, asoma entre bolsas de desperdicios. Lo levantamos y lo miramos bien: como todos los cajones de fruta, es rectangular. Cualquiera de sus lados puede ser la base. Si lo apoyamos sobre una de las caras menores, parece un edificio.
Es un edificio.
Lo dejamos junto al cordón, a dos pasos del lugar donde encontramos la hoja caída.
Una mariposa que ha perdido el rumbo revolotea un minuto ante nuestros ojos, buscando alguna superficie. En un largo parpadeo baja hasta el nivel del agua y vacila; después, elige.
Con cuidado para no dañarse las alas, aterriza sobre la cáscara quebradiza que navega despacio.
Ahora también ella navega: es una pasajera.
El agua se desliza, lenta, por el suave declive de la calle. La mariposa embarcada, también. Pero es otoño: eso hace no sólo que las hojas se sequen y caigan, y las mariposas pierdan el rumbo, sino que el viento se empeñe en trastornar los movimientos de la vida.
El viento obliga al agua a cambiar de dirección. Ahora, la hoja se dirige hacia donde está el cajón de fruta.
Solitario, un niño se asoma a mirar el leve espectáculo.
Nunca ha visto una mariposa navegando. No sabe que lo estamos mirando, y eso hace más único su gesto de no tocarla. Se queda quieto, agachado en el borde de la vereda, vigilando el paso de la embarcación.
Seguimos su mirada: va hacia la mole que corta la corriente de agua, la que a pesar del declive corre hacia allí empujada por el viento. Después, los ojos del niño vuelven a la mariposa encaramada. Sigue quieto; pero ahora nos parece menos estático que antes. Un movimiento ha empezado a insinuarse.
El niño mira alternativamente el cajón y la hoja, y al fin se decide. Se agacha un poco más y, estirando el brazo, toma la mariposa por la punta de las alas y la deposita en una rodilla, desde la que ella emprenderá el vuelo otra vez.
La hoja sigue navegando vacía, arrastrada por el viento. Un poco más, y se detendrá de golpe contra el cajón de madera que interrumpe el paso del agua. Tal vez intente bordearlo y seguir la marcha; tal vez quede allí detenida, como un navío anclado en el puerto.
Al día siguiente leemos en los diarios que un barco que navegaba aguas arriba por un río caudaloso chocó contra el frente de un edificio, mientras la única pasajera fue salvada milagrosamente por la intervención de un gigante.

Leer la nota en el diario La Voz del Interior
 

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