
Aurora Venturini
Nació en 1922, fue amiga personal de Evita y vivió 25 años en París. Peronista ferviente, amiga íntima de Evita, autoexiliada en París después de 1955, amiga de Violette Leduc, Simone de Beauvoir, Sartre, Camus, Ionesco, Juliette Gréco, entre otros miembros de la bohemia y la intelectualidad francesas, viuda del historiador Fermín Chávez, condecorada con la Cruz de Hierro del gobierno francés. Son algunos rasgos de esta narradora, ensayista y traductora, que llevó adelante una obra de circulación restringida, hasta que en 2007, a sus 85 años, Las primas obtuvo el Premio de Nueva Novela Página/12.
Aurora Venturini nació en La Plata en 1922, en la universidad de esa ciudad estudió Filosofía y Ciencias de la Educación, disciplina que ejerció en el Escuela Normal Antonio Mentruyt de Banfield. Fue asesora en el Instituto de Psicología y Reeducación del Menor, donde conoció a Eva Perón.
Ella dijo
–Aurora, ¿por qué tantas ediciones de cabotaje? ¿Por qué ninguna novela en alguna editorial importante?
–Porque no me gusta pedir. Y, mucho menos, que me digan que no.
Liliana Viola, "Radar", 9 de diciembre de 2007.
Se dijo de Ella
Novela única, extrema, de una originalidad desconcertante, que obliga al lector a hacerse muchas de las preguntas que los libros suelen ignorar o mantener cuidadosamente en silencio.
Jurado del Premio de Nueva Novela Página/12, integrado por Juan Ignacio Boido, Juan Forn, Rodrigo Fresán, Alan Pauls, Sandra Russo, Guillermo Saccomanno y Juan Sasturain.
Enrique Vila-Matas, "Venturini se aventura", "El País", Madrid, 23 de diciembre de 2007.
Las primas
Mi mamá era maestra de puntero de guardapolvo blanco y muy severa, pero enseñaba bien en una escuela suburbana donde concurrían chicos de clase media para abajo y no muy dotados. El mejor era Rubén Fiorlandi, hijo del almacenero. Mi mamá ejercitaba el puntero en la cabeza de aquellos que se hacían los graciosos y los mandaba al rincón con orejas de burro hechas de cartón colorado. Raramente un malportado reincidía. Mi madre opinaba que la letra con sangre entra, en tercer grado la llamaban "la señorita de tercero" pero estaba casada con mi papá que la abandonó y nunca volvió a casa a cumplir obligaciones de pater familia. Ella asumía tareas docentes turno mañana y regresaba a las dos de la tarde. La comida ya estaba hecha porque Rufina, la morochita que oficiaba de ama de casa, muy consecuente sabía cocinar. Yo estaba harta de puchero todos los días. En el fondo cacareaba un gallinero que nos daba de comer y en la quintita brotaban zapallos milagrosamente dorados soles desbarrancados y sumergidos desde alturas celestiales a la tierra, crecían junto a las violetas y raquíticos rosales que nadie cuidaba, ellos insistían en poner la nota perfumada en aquel albañal desgraciado. Nunca confesé que aprendí a leer la hora en las esferas de los relojes a los 20 años. Esta confesión me avergüenza y me sorprende. Me avergüenza y sorprende por lo que ustedes sabrán de mí después, y vienen a mi memoria muchas preguntas. Especialmente viene a mi memoria la pregunta: ¿qué hora es? Verdad de verdades. Yo no sabía la hora y los relojes me espantaban como el rodar de la silla ortopédica de mi hermana. Ella, más cretina que yo, sí sabía leer la esfera de los relojes aunque ignorara leer en libros. No éramos comunes, por no decir que no éramos normales. Rum... rum... rum... murmuraba Betina, mi hermana paseando su desgracia por el jardincillo y los patios de laja. El rum parecía empaparse en las babas de la boba que babeaba. Pobre Betina. Error de la naturaleza. Pobre yo, también error y más aún mi madre que cargaba olvido y monstruos. Pero todo pasa en este mundo inmundo. Por eso no es lógico afligirse demasiado por nada ni por nadie. A veces pienso que somos un sueño o pesadilla cumplida día a día que en cualquier momento ya no será, ya no aparecerá en la pantalla del alma para atormentarnos.
..................................................
Y así fuimos cumpliendo años, pero yo asistía a clase de dibujo y pintura que el profesor de Bellas Artes opinó que sería una plástica importante a causa de que por ser medio loquita dibujaría y pintaría como los extravagantes plásticos de los últimos tiempos.
Fragmento de "Las primas", Editorial Sudamericana, 2009.
Reedición
La Editorial Sudamericana acaba de reeditar Las primas, con la que Aurora Venturini ganó en 2007 el Premio de Nueva Novela Página/12.
Ver nota en el diario La Voz del Interior